La Campana Beneta

Campana 2Habéis oído las campanas de la Catedral? Si paseáis por el casco antiguo y las podéis escuchar, os parecerá que os transportan a los años en que las campanas avisaban de fiestas, alegrías, peligros, tocaban a misa, a funeral, a bautizo… La más grande y antigua de todas las que hay en la Catedral se llama Beneta.

Años atrás, hubo otra campana que se llamaba igual y que la bendijo San Benito en una estancia que hizo por estas tierras. Dicen que aquella campana hablaba: su voz se extendía por la ciudad y alrededores para anunciar a los agricultores que había nacido una criatura, que alguien se casaba, que había fuego, que comenzaba la fiesta mayor o que alguien había muerto. Los días de fiesta no paraba de sonar en todo el día y alegraba con su sonido a todos haciendo huir dolores de cabeza y preocupaciones.

Pero un mal día un rayo cayó en el campanario, la resquebrajó y se quedo sin voz. Ya podéis imaginar la tristeza de todos los ciudadanos. Ante esta situación, algo había que hacer.

El obispo y el alcalde de la ciudad enviaron emisarios por todas partes para encontrar un campanero que hiciera una campana nueva para substituir a Beneta. Pero nadie se atrevía. El reto era demasiado grande. Al final el mensaje llegó a los oídos de un joven francés que acababa de entrar en el gremio de campaneros. Sin pensarlo dos veces, ofreció sus servicios al obispo y este, encantado, puso a su disposición el desván del palacio episcopal para hacer su trabajo.

El joven campanero se puso a trabar a destajo. Fundió campanas de todos los tamaños – grandes, pequeñas, medianas…- pero cuando las probaba, ninguna conseguía el sonido de la antigua campana. Su obsesión lo llevó a no salir del taller ni para comer ni para dormir. Una noche, entre sueños, se le apareció un ángel que le susurró el secreto para conseguir el sonido maravilloso de la campana. Se levanto rápido y se puso a trabajar. Construyó una, dos, y hasta tres campanas, pero ninguna de ella sonaba bien. Hizo una cuarta campana y cuando la sacó del molde le dio un golpe para escuchar su sonido, y al oír el DONG, DONG se desesperó: su obra era un fracaso. Ya no podía más. En ese momento decidió huir corriendo lejos de Girona. Y nunca más se supo de él.

Al entrar en el taller, canónigos y frailes tomaron la campana, la colgaron al campanario y la hicieron sonar. Su sonido era maravilloso. Es el sonido que hoy todavía se puede sentir.

Ah! Y dice la leyenda que la campana Beneta suena sola tres veces cuando el obispo debe morir. Por lo tanto… presta atención a ver qué os dicen.

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